Amy Riley fue asesinada en Hermosillo; su padre busca justicia.

Su cuerpo fue encontrado sin vida y en avanzado estado de descomposición el 8 de enero, han pasado ocho meses sin información concreta del caso.

Día de publicación: 2020-09-30
Por: El Sol de Hermosillo

Fue la tarde del 8 de enero cuando el cuerpo sin vida, y en avanzado estado de descomposición, de una mujer fue hallado a bordo de un vehículo en la colonia Valle Grande, en Hermosillo.

El automóvil, una unidad marca Toyota modelo For Runner con placas de Utah, Estados Unidos, fue reportado al encontrarse en abandono desde el 31 de diciembre, pero las autoridades no atendieron el llamado.

El cuerpo de la mujer presentaba signos de tortura: múltiples puñaladas en el pecho así como el cuello degollado, además se especuló que la víctima pudo ser arrastrada antes de que, quien fuere responsable de tal obra, le diera fin.

Esa fue la noticia que recibió Dennis McDougal, padre de aquella mujer de nombre Amy Riley, quien vivió sus últimos días en la capital de un estado fronterizo, lejos de la familia amorosa que le pidió incontables veces que volviera.

“Ella nació en 1975, era muy brillante y lo digo no sólo como un padre”, relató el señor McDougal para El Sol de Hermosillo, “ella era una abogada, profesora de universidad, experta legal, así como la madre de dos igualmente brillantes niños y la esposa de un ingeniero sísmico”.

Antes de asentarse en Orange County, cerca de Los Ángeles, Amy y su esposo Mike viajaron alrededor del mundo como pareja, eran un dúo envidiable.

Sin embargo, Amy comenzó a desarrollar un comportamiento errático conforme se aproximaba a los 40 años, poco después presentó síntomas de esquizofrenia y desorden bipolar. A pesar de las múltiples visitas a psiquiatras y centros de rehabilitación, su condición empeoró.

Para el invierno de 2019 la conducta de la otrora académica alienó tanto a su familia como a sus amigos, rehusándose a tomar medicamentos que pudieron haberla ayudado a mantener a raya su trastorno.

Amy comenzaría a vivir en su automóvil y en diversos hoteles, volviéndose indigente, sin que ninguno de sus seres queridos, quienes nunca dejaron de preocuparse por ella, supieran en dónde se encontraba.

Justo antes de la Navidad de 2019, el 19 de diciembre, Amy checó salida en un hotel en Las Vegas, Nevada; posteriormente tuvo un accidente de tráfico y abandonó su SUV para rentar un Toyota 4Runner cerca del aeropuerto de la misma ciudad.

La mujer condujo entonces hacia el sur del país, atravesando Nevada y Arizona, para así llegar a la frontera con México, donde se cree que llegó a Sonora por Nogales y siguió hasta llegar a Hermosillo, sin un objetivo claro.

El señor Douglas señaló que, por lo que le comentaron las autoridades, fue precisamente en un hotel de la ciudad donde pasó el fin de semana y, a través de sus dos teléfonos celulares realizó diversas llamadas de vuelta a Estados Unidos.

“El último día en el que se supo algo de ella fue el 23 de diciembre, cuando mandó un mensaje de texto a su tía que decía 'No quiero morir en un país extranjero'. Amy abandonó el hotel a las 2:00 horas y nunca más se volvió a escuchar de ella”, relató.

Cerca de dos semanas más tarde, el 8 de enero, su cuerpo deteriorado fue encontrado en el asiento de su automóvil de alquiler, que permaneció aparcado en un vecindario cerca de un supermercado ubicado en el Bulevar Colosio.

Indolencia de las autoridades

Un miembro de la Policía Estatal Investigadora (PES) contactó a Mike Riley y al padre de Amy para informarles de lo ocurrido y explicar que se estaba investigando un asesinato.

Durante las primeras semanas de la investigación, el responsable del caso se mostró cortés, empático y cooperativo; preguntó por detalles, recibos, tarjetas de crédito y números de teléfono, además prometió mantenerlos al tanto de su investigación.

No obstante, una vez que la pandemia por Covid-19 comenzó a principios de marzo, el señor McDougal argumentó que tanto el agente como su investigación se esfumaron.

“El investigador dejó de responder las llamadas, mensajes de texto y correos electrónicos y nos dejó sin indicios para deducir cómo es que Amy estaba en México, al igual que cómo, dónde y cuándo fue asesinada y quién o quiénes lo hicieron”, expresó.

Había dos enlaces de Estados Unidos en Hermosillo quienes monitoreaban el caso por la familia de la mujer ultimada, pero el padre de la víctima reconoció que ninguno de ellos fue de mucha ayuda, aunque ambos hasta la fecha han seguido respondiendo sus llamadas y correos electrónicos.

Incluso, un agente del FBI cooperó en un principio con el policía investigador previamente mencionado, pero sólo fue en papel de observante pues los responsables de la investigación son de la Policía Estatal.

Asimismo, una funcionaria del Departamento de Estado de Estados Unidos, adjunto al Consulado en Hermosillo, fungió como otra fuente de información, siempre mostrando disposición en ayudar.

Ella fue precisamente quien ayudó a la familia a traer el cuerpo de Amy de regreso a Estados Unidos para darle propia sepultura, pero más allá de eso no ha habido información sobre el progreso de la investigación.

Debido a que el agente de la Policía Investigadora no ha revelado nada sobre su investigación en meses, la familia sospecha que la Policía no ha hecho su trabajo.

El señor Douglas sostuvo que todavía desconocen el hotel en el que Amy se hospedó en Hermosillo, con lo cual se podrían poner en contacto con los empleados del mismo para verificar si alguno podía recordar a su hija.

“No puedo entender cómo el policía investigador comenzó con tanta empatía y energía al buscar nuestra ayuda en su investigación para después desaparecer completamente. Él podría no descubrir a los asesinos o alguna información que pudiera ayudarnos a comprender cómo y por qué Amy fue asesinada, pero por cortesía podría al menos hablarnos y hacernos saber dónde se encuentra el caso”, reiteró.

Sin embargo, las autoridades tanto estatales como federales, no han intentado siquiera justificar su lentitud de alguna manera para con la familia, ya que ni siquiera contestan las cartas o correos electrónicos que son emitidos con regularidad.

Incluso la familia intentó contactar a la gobernadora del Estado, Claudia Pavlovich Arellano, hace dos semanas para solicitarle su ayuda y permitir que fluya la información, o por lo menos recibir un reporte sobre lo que ha arrojado la investigación; la mandataria sonorense no ha respondido.

Actualmente el señor McDougal, quien se desempeña como periodista y autor de libros, se encuentra recolectando información acerca de las fallas del sistema de salud mental en Estados Unidos, así como detalles sobre la vida y muerte de su hija para lanzar un libro al respecto.

“No puedo traer a mi hija de regreso, pero quizás si cuento su historia podría ayudar a prevenir que esta misma tragedia se repita una y otra vez”, reflexionó.

Por su parte, en la Fiscalía General de Justicia del Estado sólo señalaron que el caso va por buen camino, pero se mantiene en discreción debido a que sigue en investigación.

Asimismo, aseguraron que será a través del Consulado como se contacte a los familiares para dar a conocer cualquier avance o resolución del caso que tiene como Número Único 01114.

Fuente: Alberto Maytorena | El Sol de Hermosillo


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